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sábado, 14 de diciembre de 2013

Nostalgia




A veces te sientes como un arado que barre siempre el mismo surco
y piensas que el trabajo sería más blando si caminaras en compañía.
A veces te enredas en la nostalgia de lo que dejaste atrás y,
así como el agua busca su nivel tu sangre tira y lleva lejos tu memoria.

Miras por sobre el hombro y recuerdas a tus amigos,
tu vieja casa, tu ayer o ese alguien especial para ti.
Puedes llegar a maldecir tu decisión de comenzar el camino y te pierdes en los “cómo hubiera sido si…”
Otras veces encuentras injusto el precio de tu soledad y revuelves en los pliegues de tu pasado
como quien busca monedas en los bolsillos de un muerto.

Tu mente menor inventa recuerdos
y fabrica diálogos que lo expliquen todo:
respondes a preguntas que nunca te hicieron
e interrogas a quien no tuviste coraje de preguntar.

Pero descubres que no hay risa que devuelva lo perdido,
lo llorado, ni dé verde a lo marchito.
¿Pero tú, buscador, estás seguro de haber perdido?

Cuidado:
Tú no vives de recuerdos,
sino que los recuerdos viven de ti.
Son miles de bocas que devoran la fuerza que necesitas para seguir adelante.
Te digo que no existe nada de malo
en esos sentimientos en tanto no te dejes sofocar.

Si esto sucede es porque estás olvidando. Estás no-recordando.
Dime:
¿De quién te acuerdas cuando te acuerdas de ti?
¿Del niño que corría entre los árboles?
¿Del joven que soñaba con viajes lejanos?
¿De lo que fuiste ayer?
Todas esas vivencias tiene la marca de lo fugaz:
están escritas en tu memoria como la sombra
que un pájaro en vuelo deja sobre el agua.

Pero recordarse de sí no quiere decir tener memoria.
La memoria y el olvido son funciones de tu mente menor
y en cambio el recuerdo de sí pertenece al ser profundo.

Escucha: tú no has renunciado a amar por seguir la vía
sin embargo puede parecerte
que por seguir la vía has dejado de amar.
Recuerda bien, buscador no sea cosa que lo que crees
que has perdido sea sólo otro juego de tu mente
así como tus recuerdos emotivos
pueden ser sólo reflejos condicionados
y la historia que añoras un invento de tu nada.

Observa qué curioso:
Ciertas cosas llegan a tu vida cuando ya no las precisas.
Arriban con un retardo inexplicable cuando la cola de tu ilusión
ya dio vuelta en la esquina.
Un amor demasiado grande y por lo tanto insostenible para tu miedo de amar
nunca te embiste al mismo tiempo que su fulgor.
Primero te encandila y te hace soñar, después nace en ti el deseo de poseerlo.

Entonces desaparece se va de tu vida.
En realidad son cosas que te protegen de ellas mismas
y te ponen a salvo del riesgo de su presencia
por eso a veces tienes la sensación
que alguien golpea demasiado tarde a tu puerta.
En el fondo se trata de un acto oculto de respeto
y de protección porque el objeto
o el afecto que deseabas puede volver a ti
pero no en el momento del deseo sino
cuando comprendas que puedes vivir sin él.

El buscador no cree en el amor eterno sino en el eterno amor.
Por eso, si recuerdas una gran amistad o un gran amor
hazlo con la delicada alegría de los amigos
que amaron no con la posesividad de los insatisfechos.
Abre las manos del alma y deja andar su recuerdo
como si liberaras una paloma cautiva.
Esto también te servirá para aprender.
Mario Corradini

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Cuando nos Sentimos Desolados

Usualmente, confundimos la condición temporal o permanente de soledad con la sensación de emocional de desolación. La soledad, desde un punto de vista terapéutico, es la decisión de estar solos para vivir, procesar, digerir e integrar un proceso que estamos viviendo. Incluso, puede ser una decisión permanente de vida, es decir, una forma de estar en el mundo, en compañía propia, más bien que en compañía de otros. Sin embargo, la presión social o conserva cultural, regularmente critica esta decisión de vida por no comprenderla apropiadamente.

Por otro lado, la desolación tiene que ver con una sensación interna de estar desvalidos, sin el amor de otros, con la impresión (usualmente imaginaria) de no ser querido por los demás. Tiene que ver con la sensación de sentirnos secos, incompletos, con una gran falta de cariño; y con la idea de que los seres que están conmigo no me aman, o no lo hacen como deseo que lo hagan. Planteado desde otro punto de vista, tenemos la sensación de que no logramos entrar en comunión con los seres que me acompañan, con aquellos que están conmigo.

Sin embargo, esa sensación de desolación, más que un indicativo de que los demás no me aman, o no lo hacen apropiadamente, de acuerdo a mis expectativas; más bien tiene que ver con un indicativo de que la relación que tengo conmigo está deteriorada, bien sea porque no me respeto mis tiempos, mis necesidades, no me escucho apropiadamente, no me quiero, no me pongo límites apropiados, y termino abusando de mi como ser humano. También puede ser un indicativo que muestra que mi amor propio está menoscabado, pues cuando mi relación con los demás está deteriorada, esto termina hablando de mi relación conmigo mismo.

No estar en comunión con los demás, termina siendo un indicador de que no estoy en comunión conmigo; y lo que reclamo o espero de los demás termina siendo aquello que en primera persona no estoy haciendo en mi vida para sentirme bien. Incluso, si las relaciones que tengo con otros son ciertamente relaciones tóxicas e inapropiadas en mi vida, fui yo quien en algún momento las escogió por alguna necesidad inconsciente.

Muchas veces, este estado de falta de comunión con los demás, y en última instancia, con nosotros mismos, tiene que ver con esa necesidad de mantenernos en un permanente estado de insatisfacción, de ausencia de felicidad, que está sobre todo fundamentado en la cultura del éxito, del tener, del poseer, del lograr; y de la falta de aceptación de nuestra vida tal como está, de lo que estamos transitando. Esto trae como consecuencia una sucesión de aparentes alegrías, cuando las cosas se aproximan a lo que deseo; y de profunda tristeza y desolación, cuando las cosas se alejan de aquello que continuo esperando, en desconexión de lo que realmente está ocurriendo en el mundo exterior.

La propuesta es, entonces, revisar esa sensación de desolación, en primera persona, en mi intimidad, para ver cómo esa soledad existencial que siento en relación con el mundo exterior, está hablando de mi propia soledad interior, de mi propio vacío, de mis propios descuidos conmigo mismo.

Desde mis momentos de soledad, profundamente cultivados y respetados para poder tener un espacio de intimidad conmigo, hasta mis momentos de dolorosa desolación, que llegan para mostrarme aquello que debo trabajar en primera persona, mi alma acompañada de mi ser, saluda a tu alma.


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